Al inicio de 2026, las universidades afrontan una serie de desafíos de seguridad cada vez más complejos. Las amenazas conductuales, el acceso no autorizado y las interrupciones operativas convergen ahora con eventos de emergencia que impactan la continuidad de la investigación, la vida residencial y el bienestar general de la comunidad universitaria.
Como vicepresidente de área de Securitas USA, Chris Connolly ha sido fundamental en el diseño de un modelo de preparación y evaluación de amenazas con visión de futuro; uno que fortalece la resiliencia del campus al tiempo que respalda un entorno académico abierto.
Este artículo explora el panorama cambiante de la seguridad universitaria desde la perspectiva de Chris en la primera línea, destacando cómo la evaluación proactiva, las estrategias de respuesta integrada y el liderazgo colaborativo construyen comunidades más seguras y mejor preparadas.
Una nueva era de complejidad en los campus
La universidad moderna es más fluida, descentralizada y diversa que nunca. Miles de estudiantes, docentes, visitantes y contratistas transitan a diario por entornos académicos abiertos, generando un nivel de actividad e imprevisibilidad sin precedentes.
Las amenazas actuales abarcan un amplio espectro: desde preocupaciones conductuales e intentos de acceso no autorizado, hasta activismo, protestas, riesgos en laboratorios de alta seguridad, crisis de salud mental y emergencias que pueden paralizar las operaciones académicas y residenciales.
Chris Connolly ve esta complejidad de primera mano. Su gestión abarca múltiples campus con culturas, ritmos y perfiles de riesgo muy distintos, pero todos conectados por una expectativa común: que los equipos de seguridad no solo respondan eficazmente, sino que anticipen las amenazas antes de que escalen.
“El desafío general es la imprevisibilidad: las amenazas en sí no siempre son nuevas, pero la velocidad y la complejidad con la que emergen representan nuestro mayor reto.”
A finales de 2025, Chris señaló que esta imprevisibilidad se vio amplificada por una nueva ola de actividad y puntos de tensión en los campus. Las protestas y el activismo continúan intensificándose en instituciones de todos los tamaños, a menudo influenciados por temas nacionales y tensiones geopolíticas. Estos eventos exigen una planificación meticulosa, comunicación clara, sensibilidad cultural y una gestión de crisis centrada en la comunidad, superando la logística tradicional de eventos.
Al mismo tiempo, los riesgos operativos exigen una preparación adaptable. En todos estos escenarios, la comunidad académica espera transparencia y una presencia de seguridad que apoye, y no restrinja, la apertura de la educación superior. Este equilibrio entre vigilancia, accesibilidad y confianza definirá la próxima era de la seguridad universitaria.
Expectativas en evolución: De la respuesta a la anticipación
En los últimos años, la percepción sobre la evaluación de amenazas ha cambiado significativamente. Las comunidades universitarias ya no ven la seguridad como una función meramente reactiva; esperan estrategias proactivas impulsadas por inteligencia, que combinen datos, conocimiento del terreno y la colaboración de la comunidad.
Chris describe esta evolución como un cambio cultural:
“Las comunidades universitarias ahora esperan no solo que respondamos a los incidentes, sino que anticipemos y mitiguemos los riesgos antes de que se conviertan en problemas mayores”.
Esto implica analizar patrones de acceso, alertas de videovigilancia e inteligencia externa, pero también escuchar a estudiantes y docentes, quienes suelen detectar indicadores tempranos mucho antes de que aparezcan en un informe formal.
La transparencia es igualmente crucial. La comunidad quiere entender el “por qué” detrás de las decisiones de seguridad, esperando coherencia y la garantía de que la institución equilibra la protección con la accesibilidad. Hoy, la preparación es integral: operaciones, reputación, continuidad académica y bienestar estudiantil se entrelazan con la seguridad.
“El objetivo es un enfoque integral e integrado que fortalezca la resiliencia en todo el entorno del campus”, afirma Chris.
Construir un marco de seguridad en capas para todo el campus
Una universidad no es un entorno único; son decenas de ecosistemas operando simultáneamente. Edificios académicos, residencias, instalaciones deportivas y laboratorios presentan vulnerabilidades únicas. El marco de trabajo de Chris se basa en tres pilares:
- Visibilidad: Se evalúan los riesgos a nivel humano, ambiental y de sistemas. Los edificios académicos requieren supervisión discreta; las residencias necesitan confianza y relaciones cercanas; y la investigación exige controles estrictos y alineación normativa.
- Integración: Guardias, patrullaje, tecnología y centros de control 24/7 contribuyen a una visión operativa unificada, permitiendo la detección temprana de anomalías.
- Colaboración: Guardias del campus, mantenimiento, gestión de emergencias y administradores forman parte del mismo equipo.
“La seguridad no puede ser de talla única. Nuestro enfoque por capas ayuda a proteger a las personas, la investigación y el campus de una manera adaptable, centrada en la comunidad y resiliente”.
Reconocer indicadores tempranos
Las señales de alerta rara vez llegan como quejas formales. Surgen en interacciones cotidianas: un comportamiento irregular, la preocupación de un docente o el comentario de un estudiante.
“La mayoría de los indicadores tempranos son sutiles y surgen a través de las relaciones, no de los informes”, señala Chris.
Los guardias están capacitados para entender “qué es lo normal”, lo que les permite identificar patrones extraños, como accesos repetidos no autorizados o signos de crisis emocional. La analítica de datos refuerza esta intuición humana, ayudando a contextualizar patrones y evitar que la información quede aislada.
Equilibrar accesibilidad y preparación
La educación superior vive del intercambio libre de ideas. Proteger ese entorno requiere equilibrio. La filosofía de Chris es “visibilidad sin intrusión”. Los guardias están capacitados para ser accesibles, reducir la tensión e integrarse en la cultura del campus. La tecnología se despliega de forma estratégica, no restrictiva.
“El objetivo es un campus seguro, pero no cerrado; donde todos se sientan protegidos y libres para concentrarse en aprender e investigar”.
Un entorno unificado de respuesta a crisis
En un campus grande, la respuesta a emergencias es un deporte de equipo. La seguridad privada, gestión de emergencias y mantenimiento tienen roles distintos, pero deben actuar como un solo ecosistema.
Esta alineación se logra mediante comunicaciones compartidas, reportes en tiempo real, simulacros constantes y protocolos claros. La tecnología aporta visibilidad y la capacitación asegura que la ejecución fluya incluso bajo estrés.
Preparación escalable y adaptable
La seguridad privada aporta visibilidad diaria; y los socios administrativos garantizan los recursos y políticas adecuadas.
Para que este sistema funcione, Chris enfatiza la coordinación constante. Al diseñar estrategias de manera colaborativa, la universidad puede escalar su respuesta eficazmente, adaptándose a nuevas amenazas y manteniendo la continuidad operativa antes, durante y después de cualquier incidente.
Construir una cultura de seguridad compartida
Modernizar la seguridad en la educación superior exige una transformación cultural. El consejo de Chris es claro:
“Los campus más fuertes combinan liderazgo comprometido, evaluación proactiva y una cultura colaborativa. Cuando esas piezas se alinean, la seguridad se vuelve parte de la identidad de la institución”.
En un mundo de riesgos cambiantes, los centros educativos deben asumir la seguridad como una responsabilidad compartida, basada en la confianza y la intervención temprana. Estos principios seguirán definiendo los entornos académicos resilientes más allá de 2026.